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Los secretos del Everest, según los hermanos argentinos que mejor lo conocen

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Guía de montaña, buzo, escalador profesional. Al argentino Damián Benegas le gusta definirse como aventurero. Por más que haya ascendido seis veces hasta la cima del Everest, para él lo que cuenta no es la cumbre, sino el proceso.

“Lo que más me encanta es estar ahí, ya sea en la montaña o en el mar o en la jungla, siempre en la búsqueda de la aventura, más allá de un logro específico”, sostiene. Junto a su hermano Willie, que por su parte cuenta 13 cumbres, lideraron la primera expedición íntegramente argentina en alcanzar la cima del monte Everest, con una altitud de 8849 m, entre otros récords y rescates imposibles.

Nuestra relación con el Himalaya viene de hace 20 años, ya sea en el Everest u otros cerros de ese mismo valle. Y en este tiempo vimos cómo se ha masificado el Everest, lo mismo que ya veníamos viendo en el Aconcagua, donde empezamos a trabajar en el 89. Los últimos 20 años hemos ido casi todos a Nepal, hemos estado trabajando en muchísimas expediciones, hemos permanecido muchos meses ahí, y hemos llevado a docenas de clientes a hacer cumbre. Sin embargo, hay que entender que hay un estigma sobre la masificación de la montaña, esta idea de que la montaña le pertenece a los escaladores y todo ese romanticismo con el alpinismo de [Reinhold] Messner. Eso ya no va más. ¿Qué es el Aconcagua para Mendoza? Un recurso natural. ¿Y qué es el Everest para Nepal? Con todas las críticas en el manejo que pueden hacerse desde el punto de vista occidental, también es un recurso natural”, admite el montañista.

Nace una leyenda

Los mellizos Benegas nacieron en Buenos Aires en 1968 y formaron una familia numerosa de ocho hermanos. Cuando tenían 9 años su familia se mudó a Península Valdés, donde aprendieron a bucear y se forjaron en el oficio de marisqueros. Pero fue a partir de 1985, cuando visitaron a una hermana que vivía en El Bolsón, que empezaron a trepar las primeras montañas. Juntos aprendieron montañismo a través de libros y fabricando sus propios equipos.

“Si hay algo que nos dio nuestra familia fue la lectura. Leíamos muchísimo, cada vez que encontrábamos un libro lo leíamos, y a través de esas lecturas nos dimos cuenta de que había un mundo por descubrir, que se extendía mucho más allá de las costas del golfo San José. Uno de esos libros fue Los conquistadores de lo inútil [del alpinista Lionel Terray], y plantó la semilla. Con la lectura nació también la búsqueda de aventura”, recuerda Damián Benegas al otro lado de la línea desde Utah, Estados Unidos, adonde reside.

Por entonces, su madre recibió una herencia que les permitió mudarse a Puerto Madryn, y pocos años después realizaban su primera expedición al cerro Aconcagua.

“En el primer intento de cumbre fracasamos, pero al bajar vimos que había un montón de extranjeros que bajaban muy cansados y necesitaban una mano para preparar su comida, armar las carpas, prepararse un té. Entonces empezamos a ayudarlos y nos dimos cuenta de que había un aspecto comercial en eso. También nos hicimos amigos de varios americanos que nos ofrecieron prestarnos su equipo, así que decidimos subir de vuelta, esta vez por una ruta mucho más difícil, que es el Glaciar de los Polacos, y logramos hacer cumbre”, sigue Benegas y a medida que avanza con su relato se revela ese espíritu aventurero que los llevó a ir cada vez más lejos (y más alto).

Además de hacer cumbre en el Aconcagua, cuenta que aquella experiencia les hizo darse cuenta de algunas cosas. Primero, corroboraron que se movían bien en la altura; después, comprendieron la importancia de seguir una ética para relacionarse con la gente en la montaña; y tercero, advirtieron la posibilidad de comercializar la actividad y hacer de eso un estilo de vida.

“Volvimos a Puerto Madryn, hicimos una temporada más de buceo y enseguida regresamos al Aconcagua. Compramos un par de mulas con unos chicos de Mendoza y empezamos a vender servicio de transporte de carga. Subíamos y bajábamos la montaña y hacíamos lo que podíamos, desde vender cervezas, hasta llevar cargas, acompañar a la gente y ayudar en lo que estaba a nuestro alcance”, recuerda los inicios como trabajadores en la montaña.

Tiempo después, Damián decidió mudarse a California, Estados Unidos, donde empezó a trabaja en un “rancho”, con ese dinero le compró el pasaje a su hermano Willie y enseguida comenzaron a escalar en el Parque Nacional Yosemite, donde consiguieron los primeros sponsors y crearon su propia empresa de montaña. En 1999 su hermano Willie fue invitado a guiar al Everest, donde hizo la primera cumbre, y así comenzó una estrecha relación con el monte que continúa hasta hoy.

Damián ya había estado escalando otras cumbres en el mismo valle años atrás, y en 2009 logró su primera cima como líder de la expedición que llevó a la primera argentina en hacer cumbre: Mercedes “Teti” Sahores.

“También llevé al chico más joven en hacer cumbre a los 17 años, John Collinson, de Estados Unidos, y en 2010 lideramos juntos la primera expedición íntegramente argentina en alcanzar la cumbre. También llevamos a Leo Mc Lean, un ejecutivo de ESPN, primer amateur de la Argentina en hacer las siete cumbres, en 2011. A partir de ahí comencé producir los programas de ESPN Aventura, por 10 años. Y así regresamos todos los años al Everest”, señala.

-¿En todos estos años que organizaron expediciones, qué cambios advirtieron en el manejo del Everest?

-Hasta 2010 o 2011 había un cierto entendimiento del manejo sobre la montaña, digamos: bajar la basura, asegurarse de que todos los participantes se cuiden uno a otro para que no ocurran accidentes; el entendimiento de que tus acciones van a repercutir sobre mi persona. Una vez que comenzaron a entrar los mercados emergentes como India, China y Bangladesh hubo un vuelco muy grande a la masificación en esa búsqueda de ser los primeros de su pueblo, o su país, en hacer cumbre en el Everest. Al mismo tiempo, los occidentales ya llevábamos muchos años educando, creando el know how, pasando toda esa información a la gente local. Entonces, después de algunos años, los locales dijeron ‘ah, nosotros también podemos crear nuestra propia empresa y hacerlo por nuestra cuenta’.

-Junto a la llegada de nuevos clientes de países emergentes se dio la proliferación de empresas locales.

-Exacto. Y empezaron a cobrar la mitad. Imaginate que un número manejable en el Everest son grupos de 12 personas, más todo el soporte de staff que va a apoyar a esa expedición. Y ellos empezaron a meter 30, 40 clientes. Este año había una empresa que tenía 122 clientes. ¿Entonces qué pasa? La experiencia de esos clientes también baja. Yo antes tenía un staff de dos personas por cada cliente, para abastecer los campamentos de altura, para subir el oxígeno, para bajar las cosas que ya usé. Y a su vez ellos necesitan a otros más de soporte. Entonces se hacen tan grandes los números que estas empresas dijeron: ‘A mí sólo me importa la subida, no me importa bajar la basura, porque me cuesta plata’. Por otro lado, si hay 80 personas haciendo materia fecal suma varios kilos por día. Si no hay un control de eso, va todo ahí. Pero al gobierno de Nepal no le interesa, porque es mucho dinero. Imaginate 400 permisos para subir, a 11 mil dólares cada uno, son casi cuatro millones y medio de dólares. Después le tenés que agregar todo el resto.

¿Y cómo organizan las expediciones hoy con tantos turistas?

La temporada alta es en abril y mayo, pero nosotros decidimos que vamos a empezar a ir en octubre, porque si no es imposible. Es que, al juntarse tanta gente en la montaña, las decisiones dejan de depender del clima o la meteorología y pasan a depender de otras personas, del movimiento de otras expediciones que te condicionan. Puedo hacer cumbre con mejor o peor tiempo, pero no puedo hacer cumbre cuando tengo 200 personas adelante mío. Hoy somos demasiados de nosotros los que queremos hacer cosas, y el Everest no es ajeno a eso. Cuando nosotros llevamos la primera expedición argentina a hacer el Everest, la cumbre en 2011, nos hicieron nota en los diarios, y hoy hacés cumbre en el Everest y sos uno más del montón. En el mundo occidental, el Everest empieza a hacerse accesible para muchas personas. Y a la vez, muchos países emergentes están queriendo alcanzar esa gloria que nuestra cultura tuvo hace 15 o 20 años atrás. Por eso tengo la aceptación de que el Everest no nos pertenece a nosotros, le pertenece a Nepal, y Nepal hace lo que quiere con él, por más que no esté de acuerdo, y lo están arruinando, y lo arruinaron.

Paso a paso, cómo llegar a la cima del mundo

Benegas cuenta que el día uno se llega a Katmandú, desde donde se vuela hasta Luckla, un pueblito distante a 10 o 12 días de trekking de aproximación hasta el campamento base. “Esos días de aclimatación son muy importantes para prepararnos para poder vivir y subsistir a 5300 metros, donde se encuentra este campamento base. Una vez ahí, me pongo una ventana de un mes aproximadamente para aclimatar en cada uno de los campamentos: Campo 1 (6100m); Campo 2 (6400) y Campo 3 (7100 m). Ese mes lo uso para aclimatar, adaptarnos y abastecer cada uno de los campamentos. Además tengo todo el oxígeno en el Campo 4 (7900). Entonces todo el staff y los clientes se bajan hasta el campamento base, el staff se queda ahí y los clientes bajan hasta 3800 metros, a uno de los pueblos más bajos para descansar y recuperarnos de cualquier enfermedad que hayamos tenido”, precisa Benegas.

Y añade: “Al estar mucho tiempo en 5300 metros tu cuerpo sufre mucho, y al volver un par de días a baja altura descansás y recuperas fuerzas. Luego volvés al campamento base y calculás la ventana de buen tiempo con 5 días de anticipación, que se da en esa transición entre los vientos y las grandes temporadas de lluvias, que a veces llega la primera semana de mayo y luego regresa a partir del 20 de mayo. Una vez que estás preparado, salís de la base y en cinco días llegas a la cumbre”.

¿Cuánto sale? Para subir con una expedición nepalesa, el ascenso cuesta 35.000 dólares mientras el estándar de las expediciones socialmente responsables está en75.000 dólares. Demora unos 60 días en total, desde fines de marzo hasta comienzos de junio. benegasbrothers.com

Por: Alejandro Rapetti
Fuente: La Nación


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