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Un pedido por trabajo y dignidad, el disparador de una exitosa textil en Salta

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La comunidad Wichí San Ignacio de Loyola, se encuentra ubicada a 14 kilómetros de Hickman en el departamento San Martín, allí posó su mirada la Fundación Molinos Cañuelas quien recibió un video del cacique de la comunidad, Dino Salas que pedía trabajo y dignidad para su pueblo.
Tras un abordaje integral lograron montar un exitoso proyecto que ya lleva cinco años, se trata de una textil, donde fabrican ropa que hoy se vende en la Ciudad de Salta, Tucumán, Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y Jujuy. También ha comenzado a comercializarse en hipermercados y grandes tiendas, Dossier Web presenta la experiencia de Lhaka, que en Wichí significa “nuestro”.

Catalina Rojas, asistente social y coordinadora del proyecto contó cómo nació este sueño que se encamina a una sustentabilidad en el 100%. Explica que todo inició allá por el 2014 como un proyecto social más que productivo. Durante un relevamiento de sus necesidades recibieron el pedido de Dino, el cacique, que fue como una lanza que los atravesó y comprometió a cambiar su realidad.

“Generalmente recibimos pedidos de cosas materiales, pero ellos no, ellos quisieron trabajo y dignidad, esto va en contra del imaginario que todos tienen acerca de la comunidades originarias”.

De inmediato comenzaron a trabajar en un relevamiento de sus necesidades más sentidas, hicieron un plan nutricional porque descubrieron que el 46% de la población tenía algún grado de desnutrición y lo urgente fue cubrirlo con nutricionistas, hicieron capacitaciones, entregaron complementos alimentarios y “se hizo foco en dar una respuesta por todos los daños irreversibles que provoca la desnutrición”.
Eso fue de la mano de una fuerte intervención sanitaria que lograron hacer con la ayuda del Centro de Salud más cercano.

“Descubrimos muchas enfermedades que estaban vinculadas con la higiene y otras que eran evitables”.

Juntos fueron buscando respuestas para enfocarse en algún proyecto sustentable que los ayude a cubrir sus necesidades y deseos. Allí descubrieron que los 40 niños que había en ese momento en la comunidad y supuestamente estaban escolarizados no sabían leer ni escribir. “Tuvimos que hacer las denuncias correspondientes en el Ministerio de Educación y eso hoy mejoró bastante”.

El camino hacia el descubrimiento y lanzamiento de Lhaka

Antes de llegar al proyecto textil comenzaron con otras alternativas, primero se orientaron hacia las artesanías elaboradas con chaguar, pero en la comunidad solo dos familiar sabían trabajarla, si bien enseñarle al resto era una posibilidad se trata de un trabajo laborioso que difícilmente iba a recibir las ganancias que demandaba tanto esfuerzo.
Luego pensaron en una fábrica de bloques, pero había muchas limitaciones porque la mayoría no tenía las aptitudes físicas para hacerlo y era muy excluyente.

Luego pensaron en cultivos ya que la comunidad tiene 1600 hectáreas a su nombre que es una propiedad comunitaria que no pueden vender ni alquilar, solo pueden trabajarla y “llevamos adelante una propuesta para desmontar 300 hectáreas para cultivos propios y para la venta pero el Ministerio de Ambiente no lo aprobó”.

Muchos hubiesen pensado que iban a desanimarse pero no, pusieron su mirada en un proyecto textil y este triunfó, hace cinco años trabajan codo a codo y ya piensan en replicarlo en otras partes del país.
“Adultos mayores, hombres, mujeres y jóvenes trabajan juntos. Hoy son 30 personas que lo hacen con todas las comodidades. El taller tiene máquinas industriales de primer nivel”.

Descubrieron que el proyecto no necesita de alfabetización y lo pusieron en marcha, les enseñaron a asumir compromisos y hoy miran con alegría cómo se superan año a año al punto que otras comunidades quieren sumarse y participar.

“Comenzamos a festejar todos los años el día del trabajo y la dignidad Wichí, donde desfilan la ropa que hacen, aquellos que tal vez fueron discriminados hoy ven su crecimiento, e inspiran a otros”.

El aporte de la famosa marca “Vitamina”


Vitamina, la conocida marca de ropa femenina es quien los asiste, “la matriz de este proyecto es que no queremos que la gente compre por lástima sino porque es un producto que gusta y puede entrar en el mercado”, explica Catalina y en esta marca encontraron el apoyo que necesitaban.
Antes de comenzar a coser, cuatro representantes de la comunidad viajaron para ser capacitados en los talleres de Vitamina, hoy compran las telas con sus mismos proveedores y replican las pequeñas colecciones que los ayudan a diseñar año a año.


“Gracias a todo lo que aprenden, hoy tenemos algunos diseños propios como ser una línea de mallas que lanzaremos en el verano. Nuestro deseo es que en algún momento la fundación se retire y ellos sigan produciendo”.


Los logros nos han llevado a extender el Programa, y en una segunda etapa comenzamos a trabajar en tres nuevas comunidades Wichís de la zona, donde viven 800 personas.

DossierWeb


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